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Ahora que el cambio climático acapara las preocupaciones de los gobiernos y que los objetivos de desarrollo de la sostenibilidad son prioritarios tanto para las personas como para las empresas, el término “huella de carbono” está adquiriendo una gran importancia en los últimos años. 

Afortunadamente, todos y cada uno de nosotros podemos colaborar en la lucha contra el cambio climático si promovemos la reducción de esta emisión, un concepto con gran importancia en las últimas décadas. A continuación, te presentaremos los diferentes tipos de emisiones huella de carbono y por qué debes calcularla en tu empresa. 

¿Qué es la huella de carbono y su impacto? 

La huella de carbono se conoce como el rastro de los gases de efecto invernadero producidos por las actividades humanas. Y, aunque el término puede ser una forma coloquial de entender el impacto que los seres humanos tuvieron en el cambio medioambiental, la huella de carbono es una parte vital de nuestra huella ecológica global. 

De hecho, este indicador medioambiental mide las emisiones directas e indirectas de compuestos como el metano (CH4), el óxido de nitrógeno (N2O), los hidrofluorocarbonos (HFC), los perfluorocarbonos (PFC), el hexafluoruro de azufre (SF6) y el dióxido de carbono (CO₂), el que más contribuye al calentamiento global desde hace muchos años. 
 
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¿Qué tipos de huellas de carbono existen? 

Dependiendo de la actividad que estemos analizando, se pueden identificar distintos tipos de huella de carbono, en función de las emisiones de GEI anuales típicas de la actividad. Estos son: huella de carbono personal, de un producto y corporativas. A continuación, veamos cada uno de ellos a detalle: 

1. Huella de carbono personal 

La huella de carbono personal es lo que uno deja como resultado de desplazarse, comer y utilizar recursos. Es decir, se basa en los hábitos de consumo de la persona, teniendo en cuenta las emisiones de GEI asociadas a su medio de transporte, el uso de electricidad en el hogar, los hábitos alimentarios, el consumo de bienes. 

Según estudios, se calcula que cada habitante del planeta produce una media de casi cuatro toneladas de CO₂ al año. Asimismo, se indica que debemos reducir nuestra huella de carbono a menos de dos toneladas anuales de aquí al 2050.  

De acuerdo con los expertos, esta es la mejor manera de garantizar que las temperaturas dejen de subir y no alcancen el temido umbral de los 2 °C, que agravaría el cambio climático y lo transformaría en un problema irreversible. 

2. Huella de carbono de un producto 

Los bienes y servicios de consumo también emiten gases de efecto invernadero antes, durante y después de su vida útil. Por tanto, la contaminación comienza con la obtención de materias primas, el procesamiento, la producción y la distribución, hasta su uso y transformación en residuos que se reutilizan, reciclan o van a la basura. 

Por ejemplo, la huella de carbono de eventos como conciertos, espectáculos o acontecimientos deportivos, entre otros, también es significativa debido a aspectos como el transporte, el consumo de energía, los residuos generados, etc. 

3. Huella de carbono corporativa 

Al igual que los seres humanos, las empresas también producen gases de efecto invernadero durante la fabricación, el transporte y el consumo de energía. En este sentido, la huella corporativa mide todas las emisiones de GEI de las empresas y su alcance, tanto si son directas y controlables como si no. 

Ante esta situación, las empresas suelen tener la opción de reducir o compensar su huella de carbono. Pero, ¿cómo? Mejorando su eficiencia energética, consumiendo energía de origen 100% renovable, realizando campañas de sensibilización, invirtiendo en proyectos medioambientales, pagando impuestos verdes, entre otras opciones. 

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¿Cómo podemos reducir nuestra huella de carbono?  

Sin duda, el consumo responsable es uno de nuestros grandes aliados, pero aún hay más cosas que podemos hacer para intentar reducir nuestra huella de carbono. Estos son algunos consejos que podemos poner en práctica en nuestro día a día: 

1. Consumir productos locales de temporada 

Al consumir productos de proximidad o de kilómetro cero, ayudamos a reducir las emisiones de CO₂ derivadas de la refrigeración o el transporte de los alimentos. Además, contribuimos a impulsar la economía local. ¡Todo esto son ventajas! 

2. Utilizar electrodomésticos de alta eficiencia energética 

¿Sabías que los electrodomésticos de última generación son cada vez más sostenibles y eficientes? Por ende, es fundamental comprobar el etiquetado del electrodoméstico que vas a comprar para saber si está fabricado siguiendo las normas de sostenibilidad

3. Ahorrar agua y electricidad  

En casa, podemos intentar ahorrar energía desenchufando los aparatos electrónicos que no estemos utilizando.  Del mismo modo, debemos aprovechar al máximo la luz natural durante el día para ahorrar en la factura de la luz. Igualmente, puedes ahorrar cientos de litros de agua cerrando la llave, mientras enjabonas las manos o cepillas los dientes. 

4. Emplea el transporte sostenible en lo posible 

Utilizar el transporte público u otras soluciones como las bicicletas o los patinetes eléctricos contribuyen a reducir la huella de carbono, al tiempo que mejora la movilidad en las ciudades y eleva el índice de calidad de vida de los ciudadanos. 

Hasta aquí, hemos visto los tipos de emisiones de huella de carbono. Recuerda que cada individuo contribuye de manera activa a la huella de carbono que deja en el planeta, ya sea directa o indirectamente. Por tanto, la necesidad del momento es reducirla, a fin de preservar la santidad de nuestro medio ambiente y del mundo en que vivimos.  

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