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Los que estamos ligados al sector hidrocarburos nos encontramos conmocionados por el desplome de precios del WTI del 20 de abril, nunca habíamos visto algo parecido y tampoco estuvo al alcance de nuestra imaginación.

Si bien es cierto, el COVID-19 es un gestor predominante, la guerra de precios de la OPEC+ también acrecentó la crisis de precios del barril de petróleo, ante una caída de la demanda global de 20mmdd, si no es más.

El Perú no es ajeno a la crisis, y en condición de cuarentena la caída de la demanda de combustibles ocasiona grandes inventarios inactivos en los tanques, desde las refinerías, terminales y consumidores finales, los que en periodos extensos de almacenamiento corren el riesgo de degradarse si no son monitoreados y tratados oportunamente.

En esta oportunidad nos ocuparemos del Diésel B5 S50, (lo llamaremos simplemente Diésel) que es el combustible de casi el 50% de la demanda en Perú. Es un combustible de alta rotación pero que actualmente en muchas industrias se encuentra en condición de “inactivo”. Ello implica tener los cuidados necesarios para llevar un adecuado monitoreo de su calidad y de reconocer cuando empieza a sufrir cambios en sus características fisicoquímicas.

A lo largo de muchos años he sido testigo de la mejora de la infraestructura de recepción, almacenamiento y despacho de combustibles de las industrias. Desde los 90’s he visitado pesqueras, mineras y gran industria, donde sus patios de tanques no contaban con las mínimas condiciones para garantizar un adecuado almacenamiento del combustible. Tampoco, se encontraban facilidades para purgar agua de los tanques, los respiraderos no contaban con sistema de filtración, los tanques no estaban cubicados, no tenían sistemas filtración, y así, innumerables ineficiencias en la infraestructura. Afortunadamente, esto ha cambiado drásticamente debido a estándares mínimos que exigen las nuevas normativas, sumado a las exigencias de calidad que requieren actualmente los motores y equipos que consumen los combustibles. Aun así, estas grandes cantidades de producto almacenado requieren de personal técnico que domine el control o monitoreo de la cantidad y calidad de estos inventarios, que cuyo costo, en muchos casos, es de millones de dólares.

Recordemos que desde el año 2009 el diésel contiene FAME o biodiesel, en términos sencillos aceite, que se inició con un contenido de 2% y luego pasó a 5%. Adicionalmente, por exigencias medioambientales, ahora contiene un máximo de 50 ppm de azufre. Todas estas condiciones tienen sus pro y contras que veremos más adelante.

Estos nuevos cambios hacen que se tengan aún más cuidados con el producto, se sabe que el biodiesel es de fácil oxidación, y el hecho de reducir el contenido de azufre genera un entorno más cómodo para la presencia de bacterias y hongos, es decir se conjugan más condiciones para la generación de dolores de cabeza para el operador o propietario del combustible.

Existen tres principales problemas o riesgos para el diésel en periodos prolongados de almacenamiento que son: la oxidación, presencia de bacterias y contenido de partículas.

La oxidación o degradación del diésel, generalmente y por suerte, inicia con su oscurecimiento, con lo cual se prenden las alarmas para activar los controles requeridos. Este cambio puede generar distorsiones preocupantes, como la generación de gomas y sedimentos que saturarán los filtros, ocasionando la parada de los equipos, e incluso pueden generar problemas a la superficie metálica de los tanques de almacenamiento. Hay una serie de explicaciones y estudios científicos que explican este fenómeno, pero estamos tratando de dar una explicación sencilla.

Por lo que, contar con un servicio especializado para que monitoree la calidad del combustible y tomar medidas tempranas de remediación, es clave. Aunque en condiciones extremas de degradación de producto por oxidación, la solución es el reprocesamiento en refinerías, lo cual es sumamente costoso, debido a que hay que transportar el combustible a la refinería, reprocesarlo, y retornarlo a los tanques, asumiendo altos costos.

Sobre la presencia de bacterias, podemos decir que estas se generan con mayor facilidad por las características del producto y condiciones de su almacenamiento. Las nuevas exigencias de diésel, de bajo contenido de azufre, hace que tenga menos capacidad antibacteriana. El contenido de biodiesel, la humedad en los tanques a consecuencia de la propia operación o la condensación dentro del tanque por efectos de temperatura hace que entre en la fase agua y contribuye a que el producto sea un hábitat ideal para la generación y multiplicación de bacterias. Ello que genera colonias o concentración de estas, obstruyendo sistemas de alimentación de combustibles o saturando los filtros de un equipo o motor, así como también daños en paredes internas de los tanques. La presencia de bacterias puede ser confirmada con análisis especializados de laboratorio, y entre las soluciones está la limpieza mecánica y la utilización de biocidas, los que deben ser cuidadosamente aplicados por personal capacitado.

Respecto a la contaminación por contenido de partículas, aproximadamente en el 2005, tuve la oportunidad de estar presente en el primer evento reportado formalmente de saturación de filtros y parada de equipos mineros. Al inicio, el problema no se detectaba con la prueba de agua y sedimentos, pues nos daba “falsos negativos”; y cómo no, si las partículas que generaban los problemas eran nano partículas de 4, 6, 8 y12 micras. Es decir, el producto “cumplía” con la norma técnica peruana, a pesar de que, evidentemente, existía un problema. Investigando descubrimos ante qué nuevo problema nos enfrentábamos, pero la incógnita era como dar con la solución. Se implementaron métodos de medición de contenidos de partículas midiendo el peso máximo de las partículas en un litro de diésel, pero no era lo óptimo, luego en el tiempo aparecieron nuevas normas y métodos de reporte especialmente diseñados para diésel que permitían determinar la cantidad y el tamaño de estas, y así poder determinar la mejor solución. Nos volvimos especialistas en determinar el origen del problema y darle solución.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Cambió la calidad del diésel? No, lo que cambió fue la tecnología de los motores que ahora exigen niveles extremos de limpieza del combustible, nuevos sistemas de inyección que trabajan a 2,000 bares de presión y holguras de inyectores de hasta 1micra.s Es decir, una partícula inyectada a esa presión es un proyectil que acelera el desgaste de inyectores, generando altos costos de reparación.

El contenido de partículas está relacionado a la calidad del diésel, al proceso de refino, a los niveles de limpieza de todo el sistema logístico del combustible: refinerías, buque, terminales, camiones cisterna y a un adecuado sistema de almacenamiento y despacho en el cliente final. Un sistema de filtración a la medida, y la implementación de un programa de monitoreo de toda la cadena logística y distribución efectuado por especialistas es la clave para no tener problemas que generen altos costos por paradas de equipos y otros.

En conclusión, aunque es posible el almacenamiento a largo plazo, los riesgos existen. Para eso se requiere de un adecuado programa de monitoreo de calidad del combustible a lo largo de toda la cadena de abastecimiento, que contemple inspección de cisternas de carga, muestreo y análisis de producto, el aseguramiento de una adecuada infraestructura que permita realizar purgas controladas de agua, hermeticidad y venteo de tanques Todo esto con el objetivo de evitar un deterioro grave del combustible y asegurar la duración del combustible para su óptimo uso. 

José Mantilla C.
Gerente Oil, Gas & Chemicals
SGS del Perú SAC.